GŽnesis 47 - Jacob conoce a el fara—n, la familia se instala en Egipto

A. Jacob conoce al Fara—n.

            1. (1-4) Los hermanos piden la tierra de GosŽn.

Fue JosŽ y lo hizo saber al fara—n. Le dijo: —Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Cana‡n y est‡n en la tierra de GosŽn. Escogi— a cinco de sus hermanos y los present— delante del fara—n. Entonces el fara—n dijo a sus hermanos: — ÀCu‡l es vuestro oficio? Ellos respondieron al fara—n: —Pastores de ovejas son tus siervos, as’ nosotros como nuestros padres. Dijeron adem‡s al fara—n: —Para habitar en esta tierra hemos venido, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Cana‡n; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de GosŽn.

2. (5-6) Fara—n les da lo mejor de la tierra.

Entonces el fara—n dijo a JosŽ: —Tu padre y tus hermanos han venido a ti. Delante de ti est‡ la tierra de Egipto. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; que habiten en la tierra de GosŽn, y si sabes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales de mi ganado.

a. Habitan en lo mejor de la tierra: Esta bendici—n es debido a  JosŽ. ƒl salv— a Egipto - y a gran parte del mundo - de un hambre terrible y ahora toda la familia de Israel es bendecida y reciben una herencia a causa de JosŽ.

            3. (7-10) Jacob bendice a Fara—n.

JosŽ introdujo tambiŽn a Jacob, su padre, y lo present— delante del fara—n. Jacob bendijo al fara—n, y el fara—n pregunt— a Jacob: — ÀCu‡ntos a–os tienes? Jacob respondi— al fara—n: —Los a–os de mi peregrinaci—n son ciento treinta. Pocos y malos han sido los a–os de mi vida, y no han llegado a los a–os de la vida de mis padres en los d’as de su peregrinaci—n. Jacob bendijo al fara—n y sali— de su presencia.

a. Los a–os de mi peregrinaci—n son ciento treinta a–os: Jacob confes— que estaba en una peregrinaci—n. ƒl sab’a que su verdadero hogar estaba en otro lugar: el cielo.

b. Pocos y malos han sido los d’as de los a–os de mi vida: Esto no fue una declaraci—n c’nica de Jacob. Reconoci— que el car‡cter general de su vida (vivi— en la carne) y que la duraci—n de su vida no se compara tanto a la eternidad y a la vida de sus antepasados.

c. As’ que Jacob bendijo a Fara—n: Fara—n reconoci— que Jacob era un hombre de Dios al aceptar su bendici—n. En la religi—n egipcia, el fara—n mismo se pensaba que era un dios. A su juicio, el Fara—n era la encarnaci—n humana de Ra, el dios del sol. Esto significa que era notable que le permitiera a Israel obsequiar una bendici—n sobre Žl.

            4. (11-12) Israel toma lo mejor de la tierra.

As’ JosŽ hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesi—n en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de RamsŽs, como mand— el fara—n. Y alimentaba JosŽ con pan a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, segœn el nœmero de los hijos.

a. As’ JosŽ hizo habitar a su padre y a sus hermanos: La familia de Israel mir— a JosŽ y JosŽ s—lo fue su fuente de provisi—n y suministro.

B. JosŽ se refiere a la hambruna.

1. (13-14) En los primeros a–os de la hambruna, el dinero fue invertido en el tesoro de Egipto, porque era el œnico lugar para comprar comida.

No hab’a pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfallec’an de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Cana‡n. Recogi— entonces JosŽ todo el dinero que la tierra de Egipto y la tierra de Cana‡n le hab’an pagado por los alimentos que de Žl compraban; y meti— JosŽ el dinero en casa del fara—n.

2. (15-26) En los œltimos a–os de la hambruna, JosŽ hizo arreglos para que la gente pudiera comprar comida con lo que tuvieran para ofrecer.

Cuando se acab— el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Cana‡n, vino todo Egipto a JosŽ, diciendo: —Danos pan; Àpor quŽ moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero? JosŽ respondi—: —Si se ha acabado el dinero, entregad vuestros ganados, y yo os darŽ trigo por vuestros ganados.  Trajeron ellos sus ganados a JosŽ, y JosŽ les dio alimentos a cambio de caballos, ovejas, vacas y asnos; los abasteci— de pan aquel a–o a cambio de todos sus ganados. Acabado aquel a–o, vinieron a Žl el segundo a–o, y le dijeron: —No ocultamos a nuestro se–or que el dinero ciertamente se ha acabado, y tambiŽn el ganado es ya de nuestro se–or. Nada ha quedado delante de nuestro se–or, sino nuestros cuerpos y nuestra tierra. ÀPor quŽ moriremos delante de tus ojos, as’ nosotros como nuestra tierra? C—mpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y nosotros y nuestra tierra seremos siervos del fara—n; danos semilla para que vivamos y no muramos, y que no sea asolada la tierra. Entonces compr— JosŽ para el fara—n toda la tierra de Egipto, pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agrav— el hambre que pesaba sobre ellos. La tierra pas— as’ a ser del fara—n. Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto. Solamente la tierra de los sacerdotes no compr—, por cuanto los sacerdotes recib’an trigo del fara—n y com’an del trigo que el fara—n les daba; por eso no vendieron su tierra. Luego JosŽ dijo al pueblo: —Os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para el fara—n; aqu’ tenŽis semilla para sembrar la tierra. De los frutos darŽis la quinta parte al fara—n; las otras cuatro partes ser‡n vuestras, para sembrar las tierras y para vuestra manutenci—n, y tambiŽn de los que est‡n en vuestras casas, para que coman vuestros ni–os. Ellos respondieron: —La vida nos has dado. Hallemos gracia a los ojos de nuestro se–or, y seamos siervos del fara—n. Entonces JosŽ puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto que se diera al fara—n la quinta parte de las cosechas. Tan s—lo la tierra de los sacerdotes no pas— a ser del fara—n.

a. As’ que la tierra pas— a ser de fara—n: En el proceso, el poder y la riqueza del fara—n se hab’an multiplicado enormemente. En tiempos de crisis nacional, el poder del gobierno central a menudo aumenta.

b. En la cosecha se dar‡ una quinta parte al fara—n: JosŽ no era injusto. ƒl aliment— a la gente cuando se hubieran muerto de hambre y a cambio pidi— una quinta parte (20%) anual del producto de la tierra. Muchas personas hoy en d’a ser’an felices con s—lo un impuesto del 20%.

C. Israel anticipa su muerte.

            1. (27) La multiplicaci—n de la familia de Israel.

As’ habit— Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de GosŽn; tomaron posesi—n de ella, se aumentaron y se multiplicaron en gran manera.

a. Aumentaron y se multiplicaron en: Esto absolutamente fue verdad. En casi 400 a–os, esto se convirti— en una naci—n de unos dos millones de personas o m‡s.

b. Se multiplicaron en gran manera: Henry Morris calcula que el grupo inicial de cinco (Jacob y sus cuatro esposas) se convirti— en un clan de alrededor de 100 en 50 a–os (el 100 incluye el 70 de GŽnesis 46:27, m‡s unas cuantas esposas de los hijos y nietos que no se mencionan). Esa es una tasa de crecimiento de poco m‡s del 6% anual. En ese caso, no ser’a de varios millones de descendientes por el tiempo del ƒxodo, 430 a–os m‡s tarde.

            2. (28-31) Israel hace prometer a JosŽ que va a enterrarlo en Cana‡n.

Jacob vivi— en la tierra de Egipto diecisiete a–os, y fueron los d’as de Jacob, los a–os de su vida, ciento cuarenta y siete a–os. Cuando los d’as de Israel tocaban a su fin, llam— a JosŽ, su hijo, y le dijo: —Si he hallado ahora gracia a tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo y que me trates con misericordia y lealtad. Te ruego que no me entierres en Egipto. Cuando duerma con mis padres, me llevar‡s de Egipto y me sepultar‡s en el sepulcro de ellos. —HarŽ como tœ dices —respondi— JosŽ.  —Jœramelo —dijo Israel. Y JosŽ se lo jur—. Entonces Israel se inclin— sobre la cabecera de la cama.

a. Te ruego que no me entierres en Egipto, cuando duerma con mis padres: Israel sab’a que Egipto no era su hogar. ƒl pertenec’a a la tierra prometida, Žl y sus descendientes. Era evidente que cre’a y entend’a que Žl era el heredero del pacto de Abraham. 

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